Zoek se durmió 🥹
El 2026 está siendo un torbellino de emociones. Y en tiempos donde la vida se acelera, solemos ponerla en pausa con algún viaje en moto. Ahí se produce un quiebre, y los días se perciben más largos. Como la percepción del tiempo en el famoso reloj de Dalí.
Pero había una vez un año llamado 2013 en el que fuimos a buscar a Zoek por la zona de El Pato.
Han pasado casi 13 años, y cuando la despedimos hace una semana, vi pasar su vida en unos instantes: esos que dura la eutanasia.
Fue una perra longeva y sana. Si no era por las vacunas, no pisó una veterinaria en 11 años.
Era un ángel en toda la extensión de la palabra. “Mi angelito negro”, a quien la gente, por prejuicio, le tenía miedo incluso de cachorra. Era increíble ver cómo se cruzaban de vereda para evitarla. No se imaginan la bondad que tenía para dar.
Era una eterna cachorra, amiga de todos los perros sin distinción. Hasta los 11 años jugaba con la misma alegría de siempre.
Después vino la artrosis y, aunque lo seguía intentando, cada vez le costaba más.
A los 12 años y medio, un día no subió más a la terraza por decisión propia. Ella tenía el ritual de ponerse al sol del mediodía en todas las estaciones del año. Y si no subía, me llamaba para recordarme que me estaba esperando.
Ella sabía lo que le hacía bien y lo que no.
Cuando la artrosis estaba bien controlada con medicación paliativa y disfrutaba de su salida al parque —mañana y tarde— aparecieron los tumores de mama. A los 12 años decidimos que no haríamos ningún tratamiento invasivo.
Hasta unos días antes, sus tumores estaban grandes y encapsulados, y no le traían dolor.
Le ganamos casi un año de dormir en el sillón de la biblioteca, comer rico y disfrutar de los paseos y los mimos.
Las últimas semanas, una especie de demencia senil la asustaba apenas bajaba el sol, y ladraba. Así que Wally puso una cama y dormía a su lado. Y entonces volvió a dormir sin sobresaltos.
Una mañana se despertó con una pata hinchada y no podía caminar.
Cuando la llevamos a la veterinaria, en el auto ya sabíamos que era el final. Había aparecido una metástasis.
Mientras le ponían el líquido para sedarla, ella se daba besos con Wally mientras yo la acariciaba y le hablaba de cuánto la amábamos, y de que todo iba a estar bien.
Mientras escuchaba los latidos de su corazón en mi mano, se durmió.
Y unos minutos después escuché sus últimos dos latidos. Un poco más fuertes. Y el silencio. Tenía los ojos cerrados y una expresión de serenidad.
Feliz, amada, longeva, siempre rodeada de amor y los mejores cuidados.
Es horrible que los perros vivan menos que el 20% de lo que vive un humano. Es injusto, y tiene que haber algún error.
Sé que tenemos que estar agradecidos, y lo estamos con creces. Pero la extrañamos mucho… y hacemos el duelo como podemos. Fue nuestra tercera mascota desde 1991, cuando nos mudamos a esta casa. Ya sabemos lo que pasa, pero es un integrante más de la familia.
Este post es en su memoria. Y sus imágenes, un racconto muy arbitrario de su vida: desde aquel invierno en que fuimos a buscarla, cuando Wally la tenía en brazos y su mamá se alzó para despedirla con un beso, y yo logré tomar la foto. Desde ese día hasta el final, fue una compañera incondicional.
¡Vuela alto, Zoek! Que tu esencia de vida se vuelva eterna para encontrarnos cuando sea el momento oportuno. Porque acá se cree en las señales, las dimensiones y los reencuentros en distintos planos.
Gracias a todos los que nos acompañaron en este camino con tanto amor, y especialmente a Carucha, que la cuidó tanto cuando viajamos, y a Veterinaria Linares , por su gran profesionalismo y respeto.






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